Ayer fui a ver la obra "Tierra del Fuego" en el Teatro el Galpón.
Se trata de un caso real cuya historia fue adaptada por el autor para la obra de teatro, donde presenta a una azafata de origen judío que, viajando en un ómnibus dentro del aeropuerto, fue víctima de un atentado terrorista, en el cual sufre de heridas de bala en un brazo y pierna, y se produce la muerte de varias personas entre ellas su compañera de trabajo, y 22 años después siente la necesidad de estar frente a frente con su victimario para que le responda porqué lo hizo.
Mientras la trama se debatía entre la guerra de occidente, (sin tomar partido obviamente ni por palestinos, árabes ni judíos) y analiza someramente causas y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, lo que conmueve es la necesidad de esta mujer de escribirle una carta al terrorista que aún se encuentra cumpliendo su condena en la cárcel, para que acceda a verla y éste así lo hace.
La obra está planteada desde el lugar de la victima, qué es lo que siente, (y cómo aún sabiendo que el autor del atentado, y 22 años después continúa encerrado pagando su delito), no le sirve escuchar que le pida perdón, va más allá de eso, no le satisface saber que la justicia funcionó, no le sirve esa clase de justicia que a ella (la víctima) la dejó afuera, porque siente que necesita tomar parte, insertarse nuevamente en el caso, para que su victimario la conozca, para que sepa a quien dañó, para que conozca parte de la vida de su otra víctima, sus sueños, sus deseos, su vida truncada por la muerte, en una necesidad quizás, de aumentar o alimentar la conciencia del individuo, como forma de participar en su castigo.
Pero además, ahora conoce quien es su victimario, hasta conoce parte de su niñez, qué sentimientos tenía, y sabe si éste, aún sería capaz de realizarlo de nuevo, o está arrepentido. Y todo esto trae consecuencias en su entorno familiar, y el costo que ello significa, y me cuestioné entonces, la necesidad de la participación de la familia en todo ésto, por lo que relacioné de inmediato a la Justicia Restaurativa llamada "en Círculo" que es justamente aquella que abarca al núcleo familiar y de amigos.
El tema es una mera excusa, y está planteado para lograr en el espectador, que conozca algo que hasta ahora la justicia había dejado de lado: qué siente la víctima; y prueba de ello es pensar que lo más lógico hubiera sido que la verdadera protagonista de la obra fuera la madre de la chica fallecida, porque no se justifica que, por una herida en un brazo y una pierna, alguien quede tan impactado como para recordarlo 22 años después y que ésto le quite el sueño. Eso más bien le podría corresponder a la mamá de la victima mortal. Pero claro, no es lo mismo. No es la víctima directa. Porque aún habiendo sufrido un perjuicio mucho mayor como fue la pérdida de su hija, sin embargo no siente lo que siente la que pasó por ese momento y fue afectada no solo en su cuerpo sino en su mente. Allí está la diferencia.
No sé si la de anoche era la última función. Va en la sala Atahualpa para quienes tengan interés en verla, es muy recomendable y muy actual.
Saludos